- Ponte las canicas en los ojos.- Dijiste. ¿Puedes ver el alma, puedes ver mi alma?
- Es como usar lentes.
Marcelo Cardemil.
Era rubia, no tenía nada. Estaba allí, en mi cuarto, hacía media hora, le pregunté qué hacía ahí y me respondió afuera, cierra la puerta me duele la cabeza. Le di un beso y le toqué la cara con la mano húmeda por el vaso de ron que estaba en el librero. Se quedaba por el vaso de cerveza y un cigarro. Se tiró a la cama, se puso a reír y a tocarse la cara, sonaban los 25. Me acerqué, le saqué la ropa rápido para verle las tetas. Le vi las tetas, se las toqué por un rato, eran pequeñas, tímidamente blancas, casi inexistentes, perfectas.
Giraba el cigarrillo y escribía con el humo. Qué estai haciendo, vinieron los dos rascacielos de vidrio en la cara, como si fuese a matar o me odiara, le mordí las tetas, los pezones y le golpeé el culo hasta que quedara rojo, me dio lástima pegarle, tenía un culo perfecto, era una manzana, hasta brillaba por el sudor, y la cintura estrecha. Fagocitamos por una hora o dos, estuvimos desnudos un par más.
Acostados. Mi pene descansó tranquilo cerca de su muslo, me paré y le dije que quería verle la vagina, no había visto detalladamente ninguna, tenía la duda. En principio se resistió un poco, luego accedió generosa. Fue una bella imagen con olor a mierda, precisamente igual a toda buena sensación. Aprovechando el impulso, tomé un sorbo de cerveza, cambié el disco y le chupé el culo.
Le pregunté si había leído Thérèse Raquin pero no había comprando el libro aun, me agarro la cara y me hizo cariño en el pelo por un rato, me hice tronar los dedos y puse la cabeza en sus piernas. ¿Compraste la Zenit? Me preguntó, y le dije que no, a esa altura ya sonaba la ruta. Se paró y me chupó el pene, se notaba que no le gustaba hacerlo, pero hacía todo el esfuerzo humano posible para que fuese placentero. Paró y se puso la blusa. La tiré a la cama, la monté sobre mí.
Al final de todo, me di cuenta que la amaba, o por lo menos lo supuse. Le dije que era una puta, tomó un zapato y me la tiró en la frente, sangré un resto y le dije que la quería. Se fue y se llevó un par de libros que aun no me devuelve. Le di un beso, me dio un abrazo. No la vi en un año.
de mis favoritos.
ResponderEliminar(nacimiento, vida y muerte de un períodico Underground, ahí va lo de los culos de manzana, -Bukowsky-.)
ResponderEliminarestuve caleta de rato intentando pensar de dónde me sonaba esto, ahora caché... lo recitaste.
ResponderEliminarme gustó, por eso me acordaba de haberlo escuchado