jueves, 2 de diciembre de 2010

Érase una vez en la Zona.

Se bajo del taxi. Caminó recto por la calle, derecho. Estaba de pulcro negro. Hasta que llego al módulo con símbolos egipcios, se detuvo y encendió un cigarrillo.
C' era una volta il West, 1968. 
Llegó a la puerta oeste de la Zona y entró. Dobló a la parte nueva y subió pasado el Emporio por la escalera eléctrica. Buscaba a alguien que no encontraba, dio un par de vueltas y fue a comprar una cerveza.  No pudo comprar una sola cerveza, compró empanadas con cervezas, le puso salsa de ají. Comió, tomó la cerveza y lo vio.

Él estaba con un polerón azul y le intentó hablar, no pudo y lo tomaron del cuello. ¡Tengo que ir a la pega hueón! Dijo el muchacho. Lo arrastró hasta la parte en que el suelo es de tablas de madera. ¡Qué te pasa culiao! Grito el chico. Déjala, respondió. Lo soltó y saco otro cigarrillo, y empezó a fumar. ¡Hueón es mi polola! Luego le golpeó dos veces  la cara, directo a la mandíbula y nariz. ¡Ya no! Sentenció el hombre de negro.

Le puso la bota en la cara, el chico estaba inconsciente. Probablemente haya sido un loco pero tenía estilo, hay que decirlo. Se marchó tocando una armónica, una melodía suave. Lo más anecdótico es que nadie hizo nada, como en el oeste. En fin…

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