Estaba sentado en el auto cuando empezó a llover. Estaba molido por caminar media ciudad ruinosa. La piloto me miró a la cara y me pedía explicaciones. Se vació la fuente, se rompieron las cruces, me mordió los labios, perra de mierda.
Se rajó un cielo, se abrió el mar. Salieron los caballos a pastar en la carretera, contra un Audi y un Nissan. Salían volando, se reventaban contra los parabrisas.
Se construyó una orgia, una pared con movimiento de útero. Coronan a un rubio, el mismo rubio de mierda, el que no habla, el que no responde pero sonríe como idiota.
Ojalá te pillen confesado conchetumadre.
Abrí la puerta, saliendo del auto me arrodillé en el ramplón de la carretera. No quedaba nada que hacer.
El horizonte se hizo lengua de erizo, se despernó. Dos pasos, dos pasos, dos pasos, me toqué la nuca y articulé el peló con la mano izquierda. Tenía la ropa pegajosa, y era obvio, estaban lloviendo jureles.
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