domingo, 5 de diciembre de 2010

Conjuro.


Como que me gustara conjurar como el conjurador que inventa los sonidos nuevos. Pareciera que los cuerpos como que compusieran los fonemas de ti, humana específica de la especie, como que te fueras apareciendo burlonamente de repente, fueras de repente huésped de mi gruta manantial, fueras la huésped de mi gruta unívocamente gramatical con que deseo nombrarte. Como que me gustara invocar no se qué energía con estos párrafos y direccionara contra tus formas los sabores maléficos, pronunciara los encantamientos silábicos con que busco adentrarme por tus pestañas. Controlara tu ánima constituida en brasileño orgánicamente afroamericana, santera tribal amazónica, copla musgosa y selvática.

Quiero, azulada, conjurar los vocablos, romper los enlaces cupríferos de las palabras que crean y que matan. Y quiero manipular su alcance y gritar fanáticamente por sobre el sintagma hasta anular su natural derivación. Todo está en bajar con mis manos gobernando la tectónica de tu vos, locutora impulsiva y dejarte muda. Valientemente determinar a mis todos a nombrar los textos que componen las estrías de tu masa mestiza, masa de este lado de la América y vos, soleadísima, finísima muchacha cartomántica, necesitas pervivir mediante esta voz ya pronunciada de mi boca que conjura al hablar de tus elementos. Quiero transcribir entero el palimpsesto de tu corpus de cante jondo, de andaluza arábiga en territorio chileno continental. Reconocer pronto entre multitudes tus mantras indelebles, madrugadora austral, y presenciar los sonidos maternales con que se duerme Chile y su pueblo

Tragara, niñita guapa, tus palabras, las fagocitara simultáneamente a todas de una vez auxiliado por las llamaradas de mi Taitainti, lentísimamente devorara de tu semántica fangosa que resbala mis venas, allí circulando entre la terma salina que baña el Cipango costero. Usara mil hablas para formular las interrogaciones, preguntara por ejemplo cómo es llegar a tus playas. Qué significa tu nombre. Qué elementos bordean tus geometrías, tu aguametría de azul, tu barrometría, tu nochemetría. De qué color es tu columna vertebral. A qué sabe tu aura. Qué se siente hablar tu lenguaje, pronunciar tus palabras, hablar hacia adentro y hacia afuera contigo, adentro y afuera, afuera conmigo y adentro contigo, contiguamente los dos provocando las palabras, intercambiando el texto, el conjuro, jugando a la filología, a la etimología, jugando a ser antropólogos del otro y astrólogos del mundo, jugando a la ciencia y al arte, al arte y al arte, al arte y a la alquimia. Mujer ¿cuántas son las letras tuyas que hacen la energía de todos y cuántos continentes caben en tu abecedario?

Te preguntara muchacha cómo tus pinceles son de todas las medidas del mundo. Cómo es pintar tu propio ánimo, tus gustos, tus rabias, tus amores, tus recintos escondidos. Cómo es pintar tu pintura y el mundo que la recibe y cómo es posible pintar los colores que hacen a la pintura. Qué se siente saber la medida de toda mezcla de los objetos de la Tierra y ser propietaria de los ingredientes del mundo. Mujer ¿cuánto te ha llevado hacer este poema y el lápiz que lo escribe y la hoja rasguñada y las palabras adjuntadas y la tinta desparramada y cuántos pinceles has gastado, y cuántas telas sostienen el mundo que sostiene el poema?
Y me quedo hasta aquí expectante, que mis preguntas no son el motor del mundo, ni las dudas fundamentales del cuerpo filosófico, ni de los tratados lingüísticos, ni nada de esa suplica con cara de suplica. Nada de tanta importancia con carita senil y solemne, eso no, ni nunca, ni nada. De preferencia sentenciar el silencio a destajo sin y por la nada. Sentenciar con fuerza la vigilia de tu espíritu, con fuerza servir, queridísima, de barro-agüita-viento tuyo. Probar de los frutos de mescalita que eres, la humarada que descubre al viento con su vienta, al conjuro y su conjura, danzar como lo hace el fuego con su fogata, como el pájaro y su pajarita. Sentenciar la vida, el bienestar, la integridad. Restablecer, chachacoma linda, los vínculos de rojo y azul y rojo, la razón desazonada, la sustancia contagiosa. Constituir el lugar feliz, el hábitat salvaje de todos los nuestros áureos, que más conjurar, muchacha, que más.

Me fuera quedando curioso, como que me asaltara el silencio, en este lugar, de la belleza que tiene nombre de mujer hemisféricamente sureña. Así mudo, pretendo asistir a la muerte del lenguaje y la palabra por este sacrificio tan mío que es tan de todos. Y como que en un segundo todo quedara tan condicionado a tu libertaria voluntad que deseo en lo personal de mis asuntos de vigilante tuyo. En un segundo ya no pudiera conjurar más como lo hiciera en mis tiempos de conjuro de conjurador libre y soberano, y tú como que fueras desde siempre la conjuradora legítima y espontanea.

- Por John J. Dove-.

4 comentarios:

  1. Bonito y complejo. Notables eso sí en muchos aspectos:
    ¿cuánto te ha llevado hacer este poema y el lápiz que lo escribe y la hoja rasguñada y las palabras adjuntadas y la tinta desparramada y cuántos pinceles has gastado, y cuántas telas sostienen el mundo que sostiene el poema?

    Poemas en prosa como el gran Baudelaire.

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  2. esto de que Dove se haya creído Americano hasta el ultimo día de su estancia en Uruguay...

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  3. No amo menos al hombre, sino más a la Naturaleza. como dijo dove en una noche de vino y marihuana.

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  4. en vez de john dove, debería ser Charly Dove

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