IV
¿A dónde fuiste?
Donde terminaste parando, mientras yo seguía el camino tapado en niebla. Caminé una parte importante de la ruta, y del volver. Ahí me quedé, esperándote a tí, pardiláctea.
Te vi tranquila, sentada en una silla de cal, de mineral seco.
Me traté de dormir, no pude, me traté de dormir y no pude, ME TRATÉ DE DORMIR POR LA MIERDA, lo intenté mucho tiempo en muchos espacios, en muchas cavidades, entre medio de círculos, en jabón, shapoo y miel. Lo juro, lo intenté. No pude, me recosté de lado y me puse a ver una película, estuve un par de horas en eso hasta que se me acalambró el hombro.
Pardiláctea hemisférica, pardiláctea dura y masajeada, pardiláctea somnolienta, pardiláctea miserable y subterránea. De ahí, entre la tierra mojada, rota y quebrada te vi soltar un poco de celuloide, de rollo amarillento y rayado, desde el fondo de tu alma se cayó un gramo.
Me senté en una cadena, me puse a fumar un cigarrillo, de los rojos, y empecé a verte desdoblada, a romperte y cortarte en formas estrechas, deformadas por un hilo de sudor caminado.
Pensar que se fue todo a la mierda. Pardiláctea, hermosa esculpida en magnetita. Te quise, te amo.
ahí si
ResponderEliminarAhora sí. (Ahora que lo leo sobro es otra cosa). Ayer tuve una de las cañas más épicas que recuerde en mi vida. (Pero fue una caña literaria).
ResponderEliminarsobrio* (no sobro).
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