viernes, 7 de enero de 2011

Viajes por la Pardiláctea.

IV

¿A dónde fuiste?

Donde terminaste parando, mientras yo seguía el camino tapado en niebla. Caminé una parte importante de la ruta, y del volver. Ahí me quedé, esperándote a tí, pardiláctea.

Te vi tranquila, sentada en una silla de cal, de mineral seco.

Me traté de dormir, no pude, me traté de dormir y no pude, ME TRATÉ DE DORMIR POR LA MIERDA, lo intenté mucho tiempo en muchos espacios, en muchas cavidades, entre medio de círculos, en jabón, shapoo y miel. Lo juro, lo intenté. No pude, me recosté de lado y me puse a ver una película, estuve un par de horas en eso hasta que se me acalambró el hombro.

Pardiláctea hemisférica, pardiláctea dura y masajeada, pardiláctea somnolienta, pardiláctea miserable y subterránea. De ahí, entre la tierra mojada, rota y quebrada te vi soltar un poco de celuloide, de rollo amarillento y rayado, desde el fondo de tu alma se cayó un gramo.

Me senté en una cadena, me puse a fumar un cigarrillo, de los rojos, y empecé a verte desdoblada,  a romperte y cortarte en formas estrechas, deformadas por un hilo de sudor caminado.

Pensar que se fue todo a la mierda. Pardiláctea, hermosa esculpida en magnetita. Te quise, te amo.

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