II
Estaba sentado, arrebatado por el sillón. Recuerdo que estaba atrapado en medio de una fiesta como de quinceañeros, aunque, obvio, fui por mis amigos, de hecho el festejo no era de quinceañeros, era de universitarios promedio pero una cosa dio con la otra y terminó gestándose un ambiente que no era cálido, en el que había mucho ruido y poca nueces. Algunos de mis amigos desperdigados entre el comedor y el estar, otros en el antejardín y, finalmente, un tercer grupo que se encontraba en el comedor-diario y un estante.
Definitivamente, los de la estantería eran los que estaban más borrachos, el griterío era irregular, lo suficiente como para que yo que estaba al finalizar del estar, en el sillón del bajativo, pudiese conversar claramente con mi interlocutor.
El punto, es que estaba ahí sentado contra Lisa, mirándola de frente. Veía sus ojos café claro en mi cara, ella estaba sentada en una banca de metal, cuatro patas, probablemente heladas que con el calor de la ciudad llegaba a ser refrescante.
Tenía en la mano derecha un vaso con ron, la otra estirada en los brazos de sofá. Conversaba con ella, mientras un tipo medio borracho que hablaba cuanta tontera se le ocurría por la cabeza, interrumpía de vez en cuando, pero yo estaba concentrado en mi amiga, en Lisa. Miraba su cintura, veía su short cortísimo y sobre, y por sobre, todo su calzoncito con encaje de color verde.
Claramente no eran verdes, por seguro era un color más sutil con un nombre casi desconocido para la paleta de colores mentales que tengo. Se veía preciosa, iluminaba por completo el lugar y yo la tenía desde un lugar privilegiado, hablaba con ella, la miraba a la cara y me pestañaba rápido. En verdad, no sé lo que pretendía ella, por lo menos yo estaba caliente clavado en los tres centímetros de calzón, de encaje, que le podía ver y con los que incrustaba la mirada cada cinco minutos y eso me tenía concentrado. Por cierto que también distinguí sus piernas y los cuatro dedos de abdomen que mostraba, lo que a la larga me daban más ganas de agarrarla y follarla en el instante, pero por todo el bagaje histórico que había no puse pié en falso. Continué la conversación mirando de reojo sus pequeños pies, sus rodillas y su calzón. De hecho, lo que hablamos era más bien difuso, pero el calzón, verde, azul o calipso, vaya a saber uno, con encaje, lo tenía constante en el cerebro. Fue sustento de un proseguir medianamente largo de habla con la Lisa. Ella, coqueta, se echó un poco hacía atrás me miró fijo a los ojos y no se separaba de ese lugar. Me percataba mientras ella deambulaba entre mi cuello y el principio de mi pecho, a lo mejor pensando lo interesante del estampado de mi camisa, a lo mejor figurando mi pecho a centímetros de su cara mientras le hacía el amor, mientras transpiraba, mientras le sacaba la ropa pero probablemente más lo primero que lo segundo.
Estuve un rato sentado medio viendo lo que pasaba alrededor pero luego me paré y le dije a la Lisa que me iba a fumar un cigarro en la cocina. Ella me dijo que me acompañaba hacia allá, además aprovechaba de pasar al baño. Traspasé la cocina, efectivamente, y me senté en la silla a la izquierda de la cabecera. Esperé unos minutos y Lisa apareció diciéndome que le llenara el vaso, a lo que me conduje.
La vi de frente a mí y conversé sobre: literatura, después sobre dulces, hubo un par de minutos vacios y se terminó comentando los detalles de la cocina. Debo confesar que los primeros minutos de esa conversación fueron incómodos pero luego se volvió casi lúdica la cosa. Me serví mi trago, y le dije a Lisa que me iba a fumar el pucho en el patio, afuera iba ser mejor además se suponía que tenía que tomar un poco de aire…
Me posicioné en la meseta del patio y prendí el cigarrillo. Cuando comencé a fumar Lisa abrió la ventada de la cocina y me dijo Te acompaño, pavo y asentí. No dijimos nada por unos cinco minutos hasta cuando el cigarrito lo tenía en las últimas tres piteadas.
Te gusto, te gusto un montón me dijo, y le respondí asintiendo con la cabeza mientras me fumaba el pucho, era bastante cómodo hacerlo así, por lo menos nadie salía muy herido.
Me miró a la cara, esperó que diese el último respiro de tabaco y me dio un beso. La tuve en mi boca un buen rato, mientras le miraba el calzón que se sobresalía de la cadera. La tomé de los hombros y la empujé hacia mí. Nos separamos y la miré a la cara para saber si había algo de arrepentimiento en el juego, y como no se traslucía remordimiento le toqué la cintura desnuda y bajo la blusa. Después, le apunté con los ojos al garaje. Me asintió con la cabeza, y la llevé de la mano.
Prendí la luz y me dijo hueón, apaga eso, sino nos van a cachar. Era claro que era bastante más inteligente, así que la tomé del cuello y la besé cerca del pecho, y presioné el interruptor. Me respondió besándome la oreja izquierda, se me erecto el pene rápido y le saqué la blusa.
Me bajó el cierre del pantalón y me chupó el pene, algo así de cinco minutos, que por cierto para mí fue un placer de media hora, como tomarse un cortado mediano en plena tarde fría. Se paró y me sacó la camisa. La subí a una mesa y yo junto con ella, le saqué el short. La besé en el cuello, en la cintura y cerca del pubis. Finalmente, casi como un trofeo le saqué el calzón y lo olí profundamente, le lamí la vagina un buen rato. No había indicio de pelo alguno. Tenía una vagina estrecha, probablemente la mejor de las vaginas que he visto. Le terminé por sacar el sostén y le mordí los pezones mientras me tiraba el pelo pidiéndome sexo.
Intenté rearmarme el moño mientras la penetraba fuerte. Ella estaba mordiéndose los labios cuando le empecé a decir al oído que la quería. Me mordió muy fuerte el labio y gimió, de caliente, apretando los dedos de los pies.
Le puse mi verga contra la nariz y me la chupó otro buen rato. Yo en verdad, estaba un poco nervioso. Estaba desnudo en el garaje de un amigo culiandome a una amiga de toda la vida, que gritaba mucho. Así que medio acabado por las circunstancia decidí perder todo el poco de vergüenza que me quedaba. La tomé del cuello y la di vuelta. Le torcí los brazos hacía mi y la empecé a penetrar más fuerte exigiéndole que gritara y gritara más fuerte. Veía su culo blanco y su cadera moviéndose como una licuadora y yo regocijándome con su calzón a poca distancia de mí, lo acerqué con mi pié y lo ubiqué a centímetros de su cabeza. La tomé del pelo y le angulé la nuca y traté de metérselo por el ano pero se negó, aunque yo creía que diría que sí, sobre todo por la falta de racionalidad que le entrega a una mujer la excitación y la calentura. Se mordía el labio de abajo y se tocaba la cara, sentí su dolor, sus ganas de tomar un vaso con agua y recostarse boca arriba.
Luego de un rato descansando en el suelo helado hicimos el amor de nuevo y otra vez más. Me parece que estuvimos algo así de dos o tres horas fuera del evento.
Me puse la ropa salí del garaje y esperé a Lisa. Le dije que la noche estaba bastante amigable, ya eran las tres de la mañana…
Ven, amore mio, adentro puedes fumar con fe me moví hacia el interior de la cocina. La miré a la cara y le toqué el lunar que tiene en la mejilla izquierda. Te veo mañana, supongo le respondí. Me preguntó si me iba y le respondí que estaba cansado por todo un poco. Erí muy pajero me dijo, pero no le presté mucha atención, la tomé de la cadera con tres dedos en contacto con el culo y le di un beso, cunetiado como nunca se ha dado en la vida.
Subí a la caminoneta y la encendí, arreglé el retrovisor que estaba medio chueco y me golpearon la ventana del otro lado. Llévame a mi casa, vivimos al lado, obviamente le dije que sí. Me fui y después de toda la fantasía eran las tres y media de la mañana. Quedé prendado, definitivamente.
Quiero ver pintada en algún lugar esa pardiláctea :S
ResponderEliminarLa weona es más rica que la chucha... no necesita descripción.
ResponderEliminarva directo al fondo de publicación de ''sonrisa vertical'' jajaja. Les debo un par de comas eso si.
ResponderEliminarEste y "Magia" tan sacados con pinzas de "Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones".
ResponderEliminarCuando haya tiempo voy a intentar mandarme uno pa la sección Bukowsky. Aunque no creo que lo logre con tanta valentía.
el del periódico underground no lo he leído, el ercciones, eyaculaciones y exhibiciones es un poema épico de punta a calzo. buw debe ser de los de cabecera, ''como sonrisa de buda'' es el poema.
ResponderEliminarel del períodico underground viene adentro de "erecciones, eyaculaciones y exhibiciones". De toas maneras "magia" y este son los que mi singular gusto de presidiario encuentra más pulentos de toda universo Ronciano... y ese libro -el de bukowsky- era el de cabecera cuando estuve en el manicomio de las arañas.
ResponderEliminarme leí el erecciones, eyaculaciones y exhibiciones con la luz apagada.
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