domingo, 16 de enero de 2011

Pasando revista.

Cuando la mujer ha dejado de ser la palabra y cuando ha dejado de ser la ciudad en que habitas y los sendos rezos que le lanzas al Dios desconocido del que esperas el milagrerío. Cuando ha dejado de ser las canciones que compones a conceptos indeterminados que no dan abastos para dibujar sus líneas que la hacen linda, y cuando repentinamente te florece la valentía en el peor de los momentos y en ese segundo eres capaz de deja a un lado el futuro de burgués que te puede mantener a ti y a ella visitando ciudades-lagos-y-copas, pero eso no es lo que quieres. Te dirán, no seas ingenuo, lento y dubitativo, que la vida de un libertario amante de ti muchacha y del folclor es incompatible con la de un luchador social de disciplina marxista. Te dirán, o son los besos o la pobreza, te dirán cuanta maraña para convencerte y ratificarse al mismo tiempo de que todo lo de ellos es lo tuyo, y si aceptas y bebes de su jugarreta, en verdad lo que haces es loar su camino de vida y eso no, por favor, nunca. Tú no eres así, ni como ellos, ni ellos.

¿Pero realmente que piensas tú poeta? ¿Qué haces para no escupirle a tus hermanos en la cara y defenderte legítimamente de la agresión social y de la formulas baratas de la vida?

Pienso que la salida finalmente está en tí muchacha. A tí que te escribo porque te lo mereces, porque eres más fuerte que yo y no tienes miedo de gritar que odias la mentira y la cobardía a la que yo muchas veces me he vendido. No tienes miedo de llamarme un estudiante del  amor y del bueno cuando escribe para el mundo y sus mujeres desconocidas, y querría volver a vivir esos segundos y escribirlos en que me desafiaste con tus ojazos y dijiste que hay más gente en la Tierra que te observa y no son esos seres de la basura con que tanto te has obsesionado. O cuando me llamaste cobarde por no hacerle al san pedro listo que tenía con mis amigos en un viaje  y en el acto tuvimos que parar y decirnos dejémonos de huevadas. O cuando toleras que camine contigo y te hable de que tus abrazos me hacen bien y sentir tus hombros con mi boca me llevan a decirte la verdad y no es otra que mi impacto por ti, tú que eres la única que no habla de sí misma, la única que no se desahoga conmigo, la única que tiene a sus propios escuchadores en otro lugar que son las Pléyades o tus sueños. Y eso es lo que me desconcierta, yo que sé todos los secretos del mundo y cargo con los consejos y el dolor de muchos y cuando quiero tener el tuyo, no me lo das, y eso es lo que me gusta.

Así las cosas opto por vos, entonces por escribir, entonces por hacer que las cosas pasen y entonces existe trabajo que hacer…

Hay que leer no por el deber, sino por querer ese mundo mejor, donde nosotros, tus todos y los míos podamos vivir.

Hay que reír no para tolerar el abuso, ni para cultivar el roce social, sino porque es necesario decirte que soy feliz cuando estoy contigo.

Hay que escribir, porque te ayuda a ordenarte o desordenarte según sea el caso.

Hay que conversar, besar y tocar para recordar que los cuerpos son hermosos cuando las esencias se buscan y los espíritus se entrelazan.

Hay que creer, no en los dogmas ni en las doctrinas, sino en el Hombre y aun más, en la Mujer, pues del útero de la tierra venimos y somos barro y por tanto podemos mezclarnos hasta que seamos uno.

Hay que tener actitud y convicción motor de motores, expresión externa del amor.

Hay que hacer poesía, de la misma que tú haces cuando pintas el futuro tan cierto para ti y menos para otros.

Hay que agradecer por los segundos en que afloran estas palabras, pues esto es resultado de cinco o seis momentos en que te he visto y cualquiera diría que eso es imposible, y no.

Es posible porque te conozco desde antes y siempre. Es posible porque creo que en Concepción realmente la pared de azulejos es lo mejor que tiene esta ciudad. Porque tomo la calle Cochrane en vez de O´Higgins que tiene según tú, mejor perspectiva. Porque a veces visito la pequeña cascada del Parque Ecuador tratando de tomármelo como si fueras tú, que cuando vas se convierte en oráculo, en cartomancia de sentimientos y colores. Porque me gustan los encuentros casuales y también los odio porque no soy como tú mujer, necesito un plan facilista para dármelas de galán. Porque me gusta sentir que puedo volver a escribir después de tanto tiempo sin hacerlo. Y así debe haberse sentido Cortázar o Hemingway que buscaban esa meta latinoamericana en las calles tipo 6 o 7 de la tarde en adelante. Así debe haberse sentido el Che, que guardaba su dureza para las balas de justicia, pero sabía que después de eso se requería de otros elementos. 

Y así debe haberse sentido Víctor Jara cuando le declaraba su amor a su profesora Joan o cuando escribía sus guiones de teatro en la universidad o visitaba a los niños de la población La Bandera para cantarles un arrullo, o cuando reía con su humito, y en ese momento todos sabían de que se trataba esa alegría del voluntarismo, ese mezcla entre el querer y el deber del corazón que implicaba martillar y bailar con las obreras, conversar y educar con el trabajador de este país que tiene mezcla de sentimientos con el socialismo a la chilena.

A todos ellos dirijo estas posibilidades y lo dejo abierto porque no soy capaz de terminar esto si no te vuelvo a ver otra vez. Tu muchacha tienes la llaves de todo esto, el poder para avivar mi mezcla inexplicada de sentimientos.

- John J. Dove-.

3 comentarios:

  1. el escritor uruguayo se comunicó conmigo y me pidió subiera esto. yo como buen padre de familia y hombre de negocios lo hice.

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  2. la cagó... el primer párrafo es pulento, soy una fan hardcore de esta entrada.

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