Con un ruido del mar y el viento
el sonido de las piedras apuñalando el suelo,
las gaviotas, los perros y el viento, de nuevo.
Y me imagino lo mezquino de tu cuerpo,
las voluptuosidades invisibles o las mentales,
tus ojos, tus océanos, tus vaginas, tus piernas, labios y brazos.
Las laderas se van zambullendo en el mar,
en tus pubis, en medio de un tarro de agua.
Se ven a los muchachos tirarse, uno tras
otro hasta que uno se mate, se rompa la cabeza,
entonces Dios se burlará:
la ley del más fuerte.
Yo me voy a arrodillar a rezarte a ti. Ellos
llamarán a sus blasfemias, luego se lo tomarán ligero
con unas cervecitas.
¿ Dónde quedó tu cuerpo, flaca?
- Pues en el mar, hombre.
- Pues en el mar, hombre.
Y me tocaré la frente,
tus uñas clavadas en mi cuello, tus sexos
húmedos que se hacen barrial.
Por lo menos, hasta que termine de escribir.
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