martes, 2 de diciembre de 2014

Hegemonía.

Me da lata hacer esto, se me cierran un poco los ojos, me da un poco de sueño. A veces es necesario rajarse a uno mismo y abrir un poco las defensas corporativas de lo que uno cree o entiende por escribir. Lo que sucede, pienso, es que soy un sujeto muy vengativo, me gusta la reivindicación, llegar hasta el final con un punto, con los gestos, bañarse y cebarse para demostrar que trato de decir una mierda que no es banal.

A mi igual me gustaría volver el tiempo atrás, y de hecho hasta el mismo punto del que escribiste, pero no se puede, no puedo dominar el tiempo como los pedales de una bicicleta. En algún momento sentí un desagrado profundo por haberte conocido, por haberme involucrado contigo, pero en verdad es caprichoso y miserable decir eso, no le hace justicia ni a mí, ni menos a ti. Pero volvería el tiempo atrás, me imagino que se caen lentamente los parpados y se siente el desagradable sonido del contraer y tensar una cuerda sucesivas veces. Llegaría hasta ese momento y sencillamente renunciaría. Renunciaría, me rendiría de ti y de mí contigo y me imagino que me iría lejos y jamás no saludaríamos o muy eventualmente. Aunque siento que cuando te torturé produje el efecto deseado, por eso quizá no llego a sentir arrepentimiento ni culpa, de todas maneras borraría eso y me daría por vencido ese día exacto – creo que el veintisiete de febrero-, de alguna forma todo hubiera acabado mejor para mí. Lo digo porque a momentos me da la sensación de que después de ese día careciste de la capacidad de amar, te llenaste a un nivel tan alto de reflujo y autoconmiseración, generaste una patronal de la pena, un monopolio en el que lo únicos que cupieron fueron tus hermanos y el cadáver de tu madre, qué tenía yo que ver ahí, por qué sencillamente no me hice el desentendido como en Adaptation y dejé que la conmoción y el pánico validaran el humano acto de desafectarse. En fin, no se puede volver el tiempo atrás, a veces tampoco se puede echar hacia adelante, pero qué da, supongo me seguiré riendo nervioso de mis maldades y tu seguirás en ese paroxismo infinito de hablar y no decir sino sólo en tu mente, de pronunciar el amar pero no sangrar sino sólo sobre las flores de la tumba de tu madre, de conversar pero no poder encontrar entendimiento con en el interlocutor. Terror y paraíso, amor y asco, contrabando y traición. Te apuñalé tan profundo, se te apuñaló tan profundo, se siente en los torpes movimientos mientras caminas, como si cojearas, como si te hubiesen regado un cáncer o una peste.

Hay un espacio entre toda la amalgama de desprecio y asco en que te sigo mirando con amor, el amor sincero que se generó de una conversación que no recuerdo; una conversación y un beso que saben distinto al del día en que toda tu vida se fue a la mierda; una conversación, un abrazo y un beso que serán en ese plano fisurado de mi alma mis favoritos de esa Jimena que amé, pero que dejó de existir. Todo eso que fue mío dejará inevitablemente de existir, se olvidará para siempre o será reemplazado por los gestos y besos de ella.

Me pareció mezquino terminar esto de manera odiosa. Puede que no sea el momento adecuado dice ese tema, puede que no haya sido mi momento adecuado en verdad. 

1 comentario:

  1. Piensa y escribe lo que quieras para que duermas tranquilo en la noche, Enzo, pero si esto es lo más cercano que tienes a una disculpa, la verdad, me parece bastante pobre, pobre elección de palabras además

    ResponderEliminar