Hoy me junté con Camila en el centro, luego de que saliera de su trabajo. En fin, le conté un chiste, que luego le conté también a Vladimir, así que lo escribiré desde la omnipresencia:
''A final de cuentas, todo es una cuestión de perspectivas. Se torna placentero la superposición de planos, generar esa superposición – un ejercicio que es puramente mecánico, de un hombre mirando una computadora y cortando partes-. Claro que yo no soy el sujeto que se encarga de la edición, pero lo agradezco al final del día. Por ejemplo, hoy se realizó ese ejercicio: digamos que estaba yo hablando con Camila por el celular, estaba Vladimir con Daniela caminando y, por otro lado, se encontraba la grandísima hija de puta, hija de otra grandísima hija de puta, cachureando la escalera frontal al foro; entonces, digamos que se suma mi plano con el de los muchachos y me levanto a saludar, después Vladimir se va y acompaño a Daniela a comprar soda; queda el plano estático y se generan dos perspectivas, la mía con Daniela en el concreto y la otra, que es la comisión de gaznápiros anodinos en el concreto igualmente, otro concreto, confeccionado en tiempos y circunstancias distintos; digamos, luego, que Daniela se va y llega Venturelli desde su propio panel – por lo tanto, son tres que pasan a ser uno que se diluye o deja de existir-. Este ejercicio quizá ya lo hizo Rosenmann-Taub, pero siempre es bueno recordarlo – el ejercicio, no sé si tanto al poeta, aunque Zurita en su momento lo hizo también y a él si que merece la pena recordarlo-. Digamos, que se pretende dar una respuesta negativa al segundo problema de Hilbert, pero a una cadencia de veinticuatro garabatos por segundo. Ahí sí que es una cuestión de perspectiva. No sé si se logra comprender mi punto, sólo trato de expresar que la realidad después de cierta cantidad de tiempo deja de ser fragmentaria, como dictarían las patronales de la razón y el sentido común, su patronal de la razón, que nace de su imbancable, cómoda e infinita autoconmiseración.''
''A final de cuentas, todo es una cuestión de perspectivas. Se torna placentero la superposición de planos, generar esa superposición – un ejercicio que es puramente mecánico, de un hombre mirando una computadora y cortando partes-. Claro que yo no soy el sujeto que se encarga de la edición, pero lo agradezco al final del día. Por ejemplo, hoy se realizó ese ejercicio: digamos que estaba yo hablando con Camila por el celular, estaba Vladimir con Daniela caminando y, por otro lado, se encontraba la grandísima hija de puta, hija de otra grandísima hija de puta, cachureando la escalera frontal al foro; entonces, digamos que se suma mi plano con el de los muchachos y me levanto a saludar, después Vladimir se va y acompaño a Daniela a comprar soda; queda el plano estático y se generan dos perspectivas, la mía con Daniela en el concreto y la otra, que es la comisión de gaznápiros anodinos en el concreto igualmente, otro concreto, confeccionado en tiempos y circunstancias distintos; digamos, luego, que Daniela se va y llega Venturelli desde su propio panel – por lo tanto, son tres que pasan a ser uno que se diluye o deja de existir-. Este ejercicio quizá ya lo hizo Rosenmann-Taub, pero siempre es bueno recordarlo – el ejercicio, no sé si tanto al poeta, aunque Zurita en su momento lo hizo también y a él si que merece la pena recordarlo-. Digamos, que se pretende dar una respuesta negativa al segundo problema de Hilbert, pero a una cadencia de veinticuatro garabatos por segundo. Ahí sí que es una cuestión de perspectiva. No sé si se logra comprender mi punto, sólo trato de expresar que la realidad después de cierta cantidad de tiempo deja de ser fragmentaria, como dictarían las patronales de la razón y el sentido común, su patronal de la razón, que nace de su imbancable, cómoda e infinita autoconmiseración.''
Por favor, lloren, sino los muertos se pudren. La segunda
broma más clásica del universo, un gran chiste.
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