viernes, 10 de octubre de 2014

Hay un pecado primigenio en el género de terror, en el suspenso, en el thriller. Existe una ingenuidad elemental que hacen de él, a momentos, un género infantil. El noir, por ejemplo, lo entiende mucho mejor y es obvio, porque el noir de alguna forma no se reingenia tanto, no intenta ser tan pretencioso en su búsqueda. El pecado original está en que no merece la pena horrorizarse por morir atrapado en tus pesadillas, tampoco lo vale esperar a un verdugo inmortal que ataque de noche, ni ser mordido por el ser paranormal folklórico de turno para el mainstream.

Es erróneo temer a algo que no sea esencialmente humano, al ser humano mismo, yo creo que todos aprendimos eso, lo tenemos gravado de memoria - sobretodo tú-. El verdugo no es uno mismo, sino el tipo de al lado, todos sabemos a lo que me refiero.

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