1.- Recuerdo que estaba de vuelta en Concepción, recuerdo
que pasé por la plaza, por la universidad. En fin, la encontré, no sé a dónde íbamos
ni qué íbamos hacer. Estaba medio callada, medio inerte. Pasamos a una
farmacia, debió pedir pastillas anticonceptivas o las otras para la insulina,
que en el fondo eran sus pastillas para bajar de peso. Dictaste un número,
seguramente el número de carnet de tu madre recientemente muerta.
2.- Estaba en una fiesta, era en la facultad de derecho, mi
facultad, nuestra facultad. En un momento de la noche los muchachos se
amontonaron afuera del edificio. Estaba borracha como cuba, tenía miedo, tenía
pena. Nos acercamos a la pileta de la plaza y se calló descoordinadamente al
pavimento, pero no se golpeó. Después mi casa, agua, no quise darte xanax, me
pareció excesivo. Durmió. Me dio la impresión de que todos guardaron religioso silencio sobre lo ocurrido, era miserable y lastimoso.
3.- Fui a su casa, siempre la encontré sucia. Subí, o
subimos, a la alcoba desordenada y sucia también. Hablamos, estuvo trabado, era
como yo pensaba o medio pensaba que era. Me fui.
4.- Estaba en mi pieza, en mi casa. Llegó y debimos ver
algo, le regalé un reloj. Caminamos de la mano por Barros Arana, pero había un
manto que tomaba una consistencia pesada, como cuando se tira una red en la
mañana y se recoge en la noche.
5.- Llegó a mi casa, golpeó la puerta. Vi a una de sus
amigas por el ojo de la puerta, le dije a Jorge que atendiera, que dijera que
no estaba, ya para ese entonces me generaba cierto nivel de asco y rabia sencillamente
verla. Entró a la fuerza, medio a la fuerza, presión emotiva. No estaba sola,
era ella con dos amigas. Dijeron algo, dijeron muchas cosas que no me parecen
tener ningún valor. Me dio pena la cara de la Caro, si me hubiese puesto a
llorar en algún momento de todo hubiera sido por ella, por haberla defraudado de algún modo.
6.- Estaba borracho, me acosté a dormir en mi casa, se me
acalambró un brazo. Ella, está en su casa, acostada algunas horas antes.
La falta nunca es dividir el día de la noche, pronunciarlos
como anversos o conceptos disociados. La oscuridad real, no la de la noche, es lo
olvidado. Como por ejemplo que el día dura veinticuatro horas, que el sol se
mantiene estático.
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