jueves, 4 de septiembre de 2014

Existe un mundo en donde la humanidad nunca habitó las islas, donde son el recuerdo imperenne de que la naturaleza nunca existió por sí sola, de que nosotros la generamos o que le causamos un nivel de indiferencia lovecraftiano.

La única gran labor del poeta posicionado desde el marxismo es la de luchar contra la academia, no la de construir una lírica al servicio del pueblo. Porque, qué mierda es eso de generar literatura al servicio de la clase trabajadora, me parece una frase completamente llena de emocionalidad y carente de forma absoluta de contenido, y más importante aún, desprovista de poesía. Luchar contra la academia, quizá no escupirla, pero despreciarla y canalizar el excepcional fenómeno de la lucidez en el acto de destruir. Quizá en eso yace el error fundamental de todos los poetas y escritores autodenominado marxistas, de izquierda o como sea. Las categorías que genera la poética o la filología son demasiado mezquina como para construir cualquier cosa, son dadas más bien al fuego, repito al fuego y la muerte, repito al fuego la muerte y la reivindicación. Secundariamente – que en lenguaje poético significa principalmente- al amor.

Este poema es la verdad absoluta, es la palabra. En el poema no existe la mentira – la mentira humana digo, el simulacro-, el lenguaje creó esto que hay aquí ahora, porque la verdad y la mentira son categorías que no cruzan el espacio del poema, lo falso se encuentra fuera del margen de esta página, no porque su contenido no proceda, sino porque sólo existe una verdad que ni si quiera es la misma que se contrapone a lo falso.

Claro que para escribir poesía se requiere del exclusivo requisito de ser poeta. Los filisteos no hacen poesía, a lo mejor escriben palabras como haciendo un ejercicio de variables estocásticas, que pueden acercarse más o menos al fenómeno poético, pero ningún culoroto puedo superar la página en blanco, sólo la mancha. 

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