jueves, 26 de enero de 2017

Faces.

Tuve un sueño contigo. Aunque no podría definir el lugar donde estábamos, recuerdo verte desnuda, recuerdo mis manos recorriendo tu cuerpo. Primero los pies y luego subía por tus piernas hasta llegar a los muslos, tocaba tus estrías, cada uno de los surcos, eran como las vetas de un madero, memoricé cada línea, cada centímetro, para oprimirlos hacía mí. Pensé, de qué árbol será este leño, de seguro uno viejo, un cerezo o quizá un olmo. Subí por tu cuerpo, con mi dedo anular transitaba las cuencas de tu espalda, realizando un ejercicio de fricción o buscando un bache. Sentí que paseaba por los pasillos de una pagoda hecha de esa misma madera, de tablas y remaches fabricados con tu carne. Posé mi mano completa en tu cuello, buscando los espacios lisos detrás de tus orejas, y mis brazos eran un solo junco y tu pelo agua acantilada fluyendo hacia un nido de mosquitos. Pero supe continuar, rodeé tus delicados pechos y llegué hasta el nido, incluso me detuve en tu ombligo a poner una moneda. Cuando mis yemas sintieron el borde de tus caderas, palpé la roca y me detuve, sólo dejé mis antebrazos descansar sobre el interior de tus piernas. Creo que buscaba algo que no supe qué era hasta encontrarlo. Podía verte infinitamente superpuesta a ti misma, demostrando que los sueños y los recuerdos están hechos de un mismo material, pero que a veces tamizamos. Recuerdo un cuchillo y con ese cuchillo recortaba lo sobrante de mi barba. Recuerdo los vidrios de tus lentes y la tierra de tus parpados. Recordé cuando Andrei muere enfermo. Recordé varias cosas que perfectamente pude haber soñado, pero sobre todo recordé tu cara, siempre recuerdo tu rostro, supongo que es imposible que olvide nuestro rostro, y a esa altura ya no había junco ni estero que llegara a ningún nido, ahora sólo había mar. No habrá lugar donde no esté contigo, porque en verdad Allah es bello y ama la belleza. Porque me abandono por las noches a mis sueños, tuve un sueño contigo.


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