Hoy caminaba por la costanera, estuve recorriendo todo el
sector remodelado, ahora Iquique es una zona totalmente ajena a mí, un animal
que nunca he visto. Me gusta caminar, particularmente acá, a lo mejor sea porque
uno se topa con chinos, hindúes, árabes, argentinos, y quién sabe qué más, y a
mí me agrada eso, hace que todo sea muy cyberpunk, como caminar por las calles
del marte de Cowboy Bebop. De cualquier manera, caminé hasta que se hizo de
noche. Siempre me llama la atención la gente sacando fotos, no deja de ser
curioso, todos sacando la misma foto, todos en todas partes, en todos los
lugares y en todos los tiempos, no existe un centímetro de la tierra que no
haya sido fotografiado, que no haya sido predigerido por una cámara. A la gente
le encanta esa mierda, nadie va poder explicar muy bien ese fenómeno, pero es
atractivo eso de dejar estático un espacio, congelar las cosas, los humanos tendemos a la
inmovilidad, por lo menos a creer en ella, existe cierta tendencia a las
explicaciones eleáticas. De niño –recuerdo- me encantaba mirar por la ventana del
auto cuando iba camino al colegio, hasta me gustaba leer en esos tránsitos,
cuando viajaba en micro, esos tramos cortos y constantes me parecían siempre tan
bellos. Cuando veo las películas de Cassavetes me ocurre algo parecido, siento
que las entiendo de sobremanera, como que me llegan de forma extraña, a veces siento
que amo como ama Cassavetes, porque sus películas hablan de amor, del amor, de
cómo y por qué amar, quizá la literatura y el arte se tratan de eso finalmente:
del amor y de la soledad o del amor y la locura o de la locura y la muerte y consecuentemente del amor. Godard decía algo así como que el cine partía cuando los obreros salían de la fábrica, claro que haciendo alusión a la película de los hermanos Lumiere y al carácter moderno del cine,
pero también haciendo alusión a esos tránsitos mínimos, pienso. Nadie está tan
solo como nosotros, nadie ama aparte de nosotros, la soledad del corredor de
fondo es la explicación de lo hondo de su amor, es como si el corredor
estuviese movido por una corriente, por un flujo, una mecánica celestial.
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