domingo, 27 de abril de 2014

Aquella luz.

Esta luz de Ceylán me dio la vida,
me dio la muerte cuando yo vivía,
porque vivir dentro de un diamante
es solitaria escuela de enterrado,
es ser ave de pronto transparente,
araña que hila fino y se despide.

Llegué más extranjero que los pumas
y me alejé sin conocer a nadie
porque tal vez me trastornó los sesos
la luz occipital del paraíso.
(La luz que cae sobre el traje negro
y perfora la ropa y el decoro,
por eso desde entonces mi conflicto
es conservarme cada día desnudo).

Luz en el alma, luz en la cocina,
de noche luz y de mañana luz
y luz entre las sábanas del sueño.
Hasta que amamantado de este modo
por la cruel claridad de mi destino
no tengo más remedio que vivir
entre desesperado y luminoso
sintiéndome tal vez desheredado
de aquellos reinos que no fueron míos.



Pablo Neruda.

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