sábado, 13 de junio de 2015

para ti.

El dolor se infiltró en su corazón como si fuera a romperlo en un millón de pedazos, su contenido fluía como promesas rotas en los lugares vacíos que no podía llenar. ¿Cómo sabría que ese dolor tenía fin? Que el amor a diferencia de la materia visible o la energía tiene reservas infinitas en el universo, un germen que crece de la nada y que no puede ser erradicado ni del más oscuro de los corazones. Si ella hubiese sabido eso y quién sabe hasta lo hubiese creído de verdad, no se hubiera arriesgado a permanecer en esa triste tumba durante el resto de su vida, así ella no habría comprendido la segunda verdad antes que la primera: que sentir amor es como llevar una jarra que puede ser perdida o robada, o peor aún, derramada como sangre en el suelo y de que el amor no es inmutable y puede transformarse en odio y asco como el día cambia a la noche y como la muerte deviene de la vida.

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