lunes, 19 de agosto de 2013

Hurto simple en la catedral.

Desearía verme en el espejo de un baño, inmenso, gigante. El espejo de un baño amplio, tremendamente espacioso, con baldosas grandes, preciosos azulejos dispuestos de manera simétrica. Con una tina hondísima, una tina donde puedan estar más de dos personas, quizá una más. Me imagino de a poco como se compone el espejo, por sobre las cerámicas de la pared y el eco, perfectamente, la belleza más grande. Un baño limpio, impecable, brillante y tibio, un baño hecho para mí, precisamente para mí, una sala de descanso en el núcleo más profundo de mi mente. También me gustan los patios, los patios frescos, de esos lugares donde el olor a humedad y pasto está extrañamente equilibrado, donde no sea saturante la naturaleza ni la urbanidad, algo así como una glorieta perfecta, con madera gruesa y opaca cruzándose, trenzándose en medio del vacío del aire y los sillones de roatán. Un sitio alhajado de forma sencilla, un lugar donde se pueda estar lo necesariamente tranquilo.  

Cuando era niño me gustaba tocar el frío de la cerámica con el pie descalzo, un proceso que consistía en: partir por el talón, luego la punta del dedo gordo y extendía la planta; quizá tenía cinco o seis años. A veces, pienso en el frío que se apodera de mis manos, que las vuelve duras. A veces imagino tu cara, la recuerdo casi de memoria, puede ser posible que no rescate ciertos detalles como una cámara, pero tengo una expresión gráfica de como se abre tu sonrisa, tus dientes y la belleza de tu boca, como circula y vibra tu cara y la posición de la mayoría de tus lunares o como el cabello cae en tus anteojos. A veces pienso en el placer agradable que es comer, que es almorzar con el día levemente soleado, la mayoría de los días lluviosos o muy secos tornan un poco más sudadas las cosas, pero hay momentos en que el viento circula perfectamente, de la forma en que al humano gusta y entonces uno se vuelve perfectamente líquido, una solución tan liviana como el espacio entre mi mano y tu mejilla, pero es una situación consistente, así que el ser en comento es enteramente un océano.

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