A veces,
tomo en el centro de Concepción y me pongo a caminar, paso las
calles como si fueran los grandes tramos de un continente que nunca
he explorado, entonces creo que soy un hombre nuevo, un ser humano
completamente nuevo en un espacio virgen, en un lugar donde mi raza
nunca pensó que iba a penetrar. Miro mis manos detenidamente, busco
los utensilios con que cuento, y luego sigo. Me muevo lentamente, al
mismo ritmo que un animal pequeño o el de alguna especie de roedor
minúsculo o quizá un insecto. Nunca he sido de esas personas que
les agrade escalar, de los sujetos que intenta superarse o llegar a
algún lugar distinto al aquel en que normalmente llegan. Me niego
incansablemente al sufrimiento gratuito y deliberado, a la
frustración, a las ganas de ascender un mirador sea cual sea su
vista. En fin, tengo sensaciones que carecen de algún fundamento muy
profundo y también siento cosas que ninguno otro hombre de mi
especie podría describir con palabras. La verdad es que soy un
sujeto corriente, un hombre excelentemente promedio, no me quejo,
porque no me ha superado el tema. Tomo té en la mañana, unas
tostadas - cuando era más joven y estúpido acostumbraba fumar en
las mañanas, progresivamente empecé a encontrarlo asqueroso,
actualmente no fumo en las mañanas, me desagrada-. Con el tiempo me
quedaron gustando las mañanas, el sonido profundo de la mañana, el
sonido de las puertas siendo abierta sutilmente, de la gente en
puntillas, de personas sacudidas por la luz o la madrugada. El gran
problema de funcionar tan temprano es que las jornadas se vuelven
extenuantes, como el sol de Iquique a las once de la mañana a mitad
del centro cívico, por supuesto que los únicos extenuados son
aquellos que tiene jornadas verdaderamente extenuantes, el resto de
los mortales, el mínimo resto de los mortales viven una vida
bastante digna y llevadera. Creo que lo más saludable es mantenerse
en ese estado medio de gracia, habrá que rezar bastante y/o
enajenarse lo que sea necesario para poder gozar de estas
circunstancias tan remotamente escasas, el tiempo seguramente hace
que la cosas terminen siendo un poco más difíciles, tener mucho
tiempo o poco tiempo siempre es un problema, quizás por eso los
finales de ciclo tiene esa sensación tan ingrata de que se rompe
algo en la profundidad de la tierra, algo que debe ser reformado a
como dé lugar, los finales de serie, de temporada, de año o de
semestre son siempre un ataque innecesario a la tranquilidad de la
mente humana. Todavía me ronda un recuerdo claro.
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