domingo, 4 de agosto de 2013

Caminando temprano.

A veces, tomo en el centro de Concepción y me pongo a caminar, paso las calles como si fueran los grandes tramos de un continente que nunca he explorado, entonces creo que soy un hombre nuevo, un ser humano completamente nuevo en un espacio virgen, en un lugar donde mi raza nunca pensó que iba a penetrar. Miro mis manos detenidamente, busco los utensilios con que cuento, y luego sigo. Me muevo lentamente, al mismo ritmo que un animal pequeño o el de alguna especie de roedor minúsculo o quizá un insecto. Nunca he sido de esas personas que les agrade escalar, de los sujetos que intenta superarse o llegar a algún lugar distinto al aquel en que normalmente llegan. Me niego incansablemente al sufrimiento gratuito y deliberado, a la frustración, a las ganas de ascender un mirador sea cual sea su vista. En fin, tengo sensaciones que carecen de algún fundamento muy profundo y también siento cosas que ninguno otro hombre de mi especie podría describir con palabras. La verdad es que soy un sujeto corriente, un hombre excelentemente promedio, no me quejo, porque no me ha superado el tema. Tomo té en la mañana, unas tostadas - cuando era más joven y estúpido acostumbraba fumar en las mañanas, progresivamente empecé a encontrarlo asqueroso, actualmente no fumo en las mañanas, me desagrada-. Con el tiempo me quedaron gustando las mañanas, el sonido profundo de la mañana, el sonido de las puertas siendo abierta sutilmente, de la gente en puntillas, de personas sacudidas por la luz o la madrugada. El gran problema de funcionar tan temprano es que las jornadas se vuelven extenuantes, como el sol de Iquique a las once de la mañana a mitad del centro cívico, por supuesto que los únicos extenuados son aquellos que tiene jornadas verdaderamente extenuantes, el resto de los mortales, el mínimo resto de los mortales viven una vida bastante digna y llevadera. Creo que lo más saludable es mantenerse en ese estado medio de gracia, habrá que rezar bastante y/o enajenarse lo que sea necesario para poder gozar de estas circunstancias tan remotamente escasas, el tiempo seguramente hace que la cosas terminen siendo un poco más difíciles, tener mucho tiempo o poco tiempo siempre es un problema, quizás por eso los finales de ciclo tiene esa sensación tan ingrata de que se rompe algo en la profundidad de la tierra, algo que debe ser reformado a como dé lugar, los finales de serie, de temporada, de año o de semestre son siempre un ataque innecesario a la tranquilidad de la mente humana. Todavía me ronda un recuerdo claro.

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