Estuve pensado harto ayer, antes de bajarme del auto. En cierta medida fueron las luces de la casa de mi amiga, la vibración que generaba la música, me acordé de esa película que me gusta y se me olvida a veces. Quizás debería hablar más de ella, reivindicarla un poco más ante el público pero es un poco tedioso explicarse demasiado.
Ayer sentí que estaba sumamente sólido, como si mi cuerpo estuviera hecho de un cristal denso. Creí por una media hora que todo se encontraba medianamente resuelto. Ayer pensé en mis pequeñas primas, en lo minúsculas que son, en lo mínima que es su vida. Pienso que lo esperable ante ese supuesto natural e insuperable es que se deba sentir angustia o miedo, pero en cada una de las partes y luces que componen mi cuerpo solamente podía sentir un profundo amor, como la Virgen María viendo a su Hijo clavado en la cruz. Quizá sólo me baste su amor, aunque a veces creo que todos estamos en búsqueda de nuestro Minnesota Fats, pero no sabemos como lidiar contra la derrota ante ese Minnesota Fats o Cesárea Tinajero o Klauss Hass o sutilmente a Susana.
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