domingo, 12 de mayo de 2013

¿Dónde está mi hijo?


Es como si tuviera la convicción de que debo recuperar la cotidianidad o la especie de rutina a tropezones que he tenido siempre -eso de pagar las cuentas atrasadas, hacer garbanzos e ir a la feria los miércoles-. Se supone que he superado en parte la situación, que ya puedo seguir con todo y no es que crea lo contrario, no es que no desee ni sienta que lo más sano es que deba proseguir con toda lo demás de mi vida. Pero cuando fui a dejar a la Jimena a la Biblioteca Central de Alejandría y me quedé solo caminando, haciendo nada, me sentí completamente vacío como si me hubieran sacado el alma, entendiendo el alma como algo así de un humo opaco que tiene peso en el pecho de todos los humanos. Caminé por automatismo en dirección al hogar, pero no toqué la puerta ni apreté el timbre simplemente me senté en la esquina a ver, a mirar, como teniendo la secreta esperanza de que apareciera Juan y me dijera ''¿Qué mirai hueón? Buena ¿En qué andai? Entra po, vamos a tomar algo, viene Jorgito ¿Te gusto? ¿Me veo linda?''.

Siento que me dejaron un poco solo, que no se tuvo ninguna consideración conmigo, a momentos siento que estoy en el cuerpo de Juan, sobretodo cuando cierro los ojos, y puedo repetir todo sus movimientos. Veo la computadora, miro un tutorial de cómo hacer nudos en youtube, me siento, me tomo las pastillas, dispongo de la corbata y lo que naturalmente siguió... pero en la ecuación no aparezco yo, no veo al Juan Pablo o a Chicuelo tampoco, ni a la Pina ni a los padres de Juan. Creo que tengo una sensación arenosa en el pecho, que no se me va ir en mucho tiempo, quizás deje de sentirme así cuando te olvide completamente, pero no quiero que se me olvide tu existencia, no quiero creer que era verdad lo que pensaste por un segundo y que al final tu vida sea un punto mínimo e insignificante en el historial de la computadora de James Argo o en el ruido blanco universal de los canales de cable.

Me complica de sobremanera no poder llamarte, que siga tu número telefónico en mi registro, que no te devolviera la llamada ese día. Me da risa de todas formas recordarte, tu infinita fidelidad y el poco cariño que tenías con lo que básicamente todas las personas respetan y saben que deben hacer, como detenerse por ejemplo. Aunque me imagino tu llanto, tu sufrimiento, tu dolor y lo hago mío, muy en lo hondo de mi corazón veo tu cara partida y me agota, me envenena la sangre. De todas maneras, no quiero ser exageradamente dramático ni severo contigo, creo que aunque la niña que no se cambia la ropa haya dicho que los suicidas no vayan al cielo y se les margine a estar en un bosque miserable lleno de harpías, tengo fe absoluta que el cielo de que hablaba la muchacha es un lugar horrible lleno de gente como Erik Vilches, sacerdotes lateros y canutos y beatos cantando, entonces me hace lógica que la teología oficial de las postrimerías cristianas te entreguen ese espacio en el séptimo círculo del infierno, para que puedas hacer muebles mientras nos esperas, que va ser poco tiempo en consideración a la vida que llevamos más o menos todos.

Algunos momentos estoy completamente feliz por haberte querido tanto sin darme la menor cuenta de la magnitud ni el estado de mi amor.

No me quiero despedir, ni lo voy a hacer por el momento.

4 comentarios:

  1. te dije que no te fuerai solo, eri porfiado

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  2. que lindo es ver mi nombre escrito, es el mejor nombre del universo

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  3. Esta petición en el recuerdo, poeta, viene en confirmar el principio de rigor y entendimiento del Apostolado. No aboga por las dificultades a la asistencia categórica en la Rendición de Honor. No obstaculiza el entusiasmo por la Memoria Solemne. Por otro lado, el arrebato lírico de su pluma, siempre tiene estilo.

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