sábado, 21 de mayo de 2011

Confidencia inclinada casi intensa, casi poema.

 Tendida la vista interventora hacia los adentro finalísimos, la energía centrípeta que hay que regular con transmisión cristalina. Tendida la vista hacia una muchacha a la primera vista tan sencilla y respetuosa que casi no veo, que casi no miro, y cada vez que me suelo acordar de ese pensamiento, me espanto y luego, me recuerdo que no es así. Me acuerdo, tendida la vista, que ahora te estudio, que te leo, que te escribo, y que no se de más amor que ese amor. No conozco más ciclo enlazador que ese del día de hoy cuando no te conozco y tú no me conoces. Cuando voy entendiendo que el sentido de mi estudio riguroso de tus términos inflamados y esa gestualidad de ademan disciplinado, es descifrar que escondes debajo del maquillaje ritual. Cuando voy entendiendo que no hay nada más erótico que tus palabras portadoras de basura académica, pero, tú sabes cómo acentuar cada silaba, cada be labial, cada eme musical, cada ese sideral. Tu sabes cómo exhibir un lunar, una picadura, una uña si es que te descuidas, una ojera, un informe de peritos mal redactado, un ojo cansado de tanto escalafón tribunalicio, un callo de tanta anotación abstractamente jurídica, un pañuelo tan profesionalmente serio que me da risa pensar que probablemente te lo pusiste para ti porque sabes que te ves linda insinuando la originalidad, un pañuelo tan estúpidamente amarrado cuando el resto de tu cuerpo no lleva la vestimenta con que te ganas el respeto de la lujuriosa ancianidad del magistrado. Tú sabes que ya no te pongo atención porque sería demasiada la injusticia hacia el otro todo de facciones de mujer sensitivamente consumada. Y solo puedo ponerlo en estos términos, solo puedo escribirte como un resultado de una creación azarosa-casi-perfecta, y no se los criterios que he utilizado para así llamarte.
                
 Tendida así la vista hacia mis palabras tan exiguas, tan faltas de argumentación según tú y tan necesarias para mí, solo se puede percibir que esa claridad, la irradiación con que pretendo describirte, no es tan de mí y es mucho más de ti, y debería rogarte que me enseñes a escribir de nuevo. Debería pedirte que borres mis bagatelas de esta hoja idiota y pasarte el báculo que te mereces para que obre en tu poder de señorita aseñorada. Yo quiero ver como garabateas el papel, y como te enojas cuando los universitarios no estudian lo suficiente, como insultas a la policía cuando te arrebatan la libertad ambulatoria sin razón, como protestas en la calle para lograr un orden jurídico más justo con los trabajadores. Quisiera ver como rellenas tus lapsus en el Tribunal, como seduces al sentenciador en alegatos finales, y como te llaman la atención por gritar a destajo cuando se hace necesario seguir tu imperativo de defensora. Eres por ahora el principal misterio de esta semana, un motivo para, en ningún caso, sorprenderme pues, aunque no sé nada de ti, si lo sé todo.

- Por John J. Dove-.

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