martes, 19 de diciembre de 2017

Cor Cordium (Leer y juzgar).

Durante toda mi vida he tenido una sensación horrible, un sentimiento que me acompaña todos los días, es algo que va más allá del daltonismo o pretender ser especial, es una sensación demasiado constante en mi vida como para que sea falsa o conscientemente impostada. Cuando llegué a Concepción y me encontré completamente solo aumento, se tornó aún más palpable, quizá sea algo con la soledad, aunque no lo creo, es algo sensorial y eterno. Hablo de una emoción seca y porosa, me pasa más en esta época, aunque en invierno también, incluso cuando era niño e iba en la micro de vuelta del colegio lo podía percibir y durante los recreos, lo sentía desde que abría los ojos en la mañana y la Pamela ponía una taza de té sobre mi velador, desde ese momento no paraba hasta que me acostaba o cerraba los ojos o veía otra cosa. A veces me duelen los ojos un montón, así que me pongo a glooglear sobre derrames oculares y aneurisma, especulo que es la presión la causante de mi molestia, entonces concluyo que tengo que salir hacer ejercicio, respirar un poco de aire y de esa forma termino caminando por ahí, buscando a paso lento los lugares con más sombra y viento de la ciudad, como Freire a la altura de Consalud o Manuel Rodriguez por el bandejón central. No se me quita jamás la sensación porosa, veo los edificios y las familias que habitan esos edificios, veo a los niños jugando con sus padres y sus mascotas, veo todo lo que nos ofrece la sociedad en la que vivimos y no es que me repugne, es otra cosa. Observo todo eso de lo que hablé y me parecen tan evidentes las grietas, ni siquiera creo que sea totalmente falso, sólo pienso que el resto no tiene ni la más puta idea de lo real que es a veces la vida y la luz del sol que se vierte sobre todas las cosas y lo que a ellos les parece hermoso a mí me complica tanto, me descompone, porque no logran entender completamente que juegan y bailan sobre una plataforma que se sostiene sobre un alfiler, no entienden lo frágil que son sus rostros polvorientos, pero yo los puedo ver de cerca, mejor que nadie en el mundo, más de cerca que nadie los verá jamás. Entonces los niños siguen columpiándose con sus padres y las parejas de la mano jurándose amor condicionado o eterno, pero esos niños no le temen a la muerte y esas parejas no conocen el verdadero dolor de amar y menos todavía podrían sospechar que ese dolor pueda durar para siempre, porque en verdad no les preocupa el amor como me preocupa a mí, tampoco les aproblema que los edificios sean tan grotescos y las calles tan fracturadas o que las personas tenga la piel tan porosa y deslustrada o que las relaciones que hemos construidos sean tan endebles y que al final los lobos son siempre lobos.

Todas las mañanas me despierto con esa sensación porosa, seca, desilusionante de que la vida es más real de lo que puedo soportar, porque no estoy hecho de arcilla, no soy un ladrillo, mi resistencia a la presión es baja y de tanto observar me da la impresión que ando fuera de compás, porque a momentos me harta ver, pero qué más puedo hacer, me amarro al refugio que tienen todos los escritores y los cobardes, me amarro al L'esprit de l'escalier y espero que algo se me ocurra mientras todo esto me asquea y maravilla a la vez. Incluso cuando trato de recordar una situación puntual o un momento determinado está repleto de esa sensación pesada de la que escribo, es como un filtro, como el espejo que separa a Jane de Travis. En fin, esa sensación se acentúa o se atenúa, pero jamás se va del todo, ni estando drogado desaparece, pero hubo algo que nunca me pareció así, algo que cuando recuerdo profundo nunca deja de ser limpio y profundo, siempre que imagino tu rostro, lo blanca de tu piel, lo hondo que me parecían tus ojos, el marco de tus lentes y el contorno de tus cejas, salvo las veces que te sonrojabas, pero aun así era regular, solamente que de otra forma, porque cambiaba, pero continuaba siendo el mismo cuenco de leche, ahora leche tibia. Cuando trato de imaginar o describir en mi mente tu rostro se me vienen a la cabeza esas historias de las geishas de Kawabata (a Keiko por ejemplo), otra veces te imagino como Irma Vep en los retratos que hacían de Musidora en ese tiempo los surrealistas. Me quedo tranquilo con eso, con la imagen de tu rostro, el filo de un cuchillo, porque es como nublar la vista o colocar los pies en el agua.

Las noches tienden a desarticular ese sentimiento, pero siempre está allí, abrasando los sentidos, los chakras, las cuencas de mis ojos. No es algo por lo que no duerma en las noches, todo lo contrario, es precisamente el motivo por lo que lo hago. Nunca estuve muy seguro de si te pasaba algo similar, pero me gusta pensar que sí y siempre que te leo me da esa impresión, porque somos dos trenes que se encuentran en la noche. Por eso camino sobre tus pasos o espero que encuentre los míos. Así que un día leo la entrevista de Carver en el Paris Review y me quedan dando vueltas las imágenes de él limpiando pisos en el cine y de su padre leyendo un libro de Zane Grey en el sofá y veo Nocturnal Animals una y otra vez hasta que se me queden pegados los movimientos y las posturas y es inevitable recordarte y es verdad que me parece obvio, porque es obvio, obvio para ambos supongo. Algunas noches incluso siento miedo, el mismo miedo de que hablabas, el terror a dejar de importarte sin más, como si fuera la insignificante cuenta de un ábaco, pero luego lo pienso mejor y es imposible, porque tú eres más yo que yo mismo y cuando estaba terminando de leer Llámame por tu nombre y Oliver le dice a Elio, luego de un montón de años, que al verlo era como despertarse de un coma, de un largo sueño, de que todo lo que hizo no era más que una vida paralela, ese diálogo me entumeció tanto el alma. Todo lo que he hecho y deshecho está construido bajo la luz de esa sensación aplastante, porosa, y verte es como despertar del sueño y poder dejar de forzar la vista y que quizás algún día se acabe el espacio para más películas y libros y recuerdos y se acabe el espacio para todos, menos para ti, así que pueden volar por lo cielos la catedral, pueden adorar otros dioses, bautizarla y rebautizarla mil veces, pero San Clemente es completamente nuestra y eso es así porque mi amor dice algo de ti que ni tú misma conoces y viceversa.

Yo tampoco olvido lo malo, posiblemente porque yo lo hice, y posiblemente también me aferre a la adolescente creencia de que somos almas gemelas, pero yo soy buen nadador, puedo nadar horas y hundirme un montón, lo malo es que soy un poco friolento así que rodeo el mar, lo sigo y de un momento a otro me meto, pero nunca olvido que morir ahogado debe ser horrible, que esa asfixia finalmente es el coma. Salgo rápido del océano, no quiero ser parte de la fauna abisal, prefiero hablar que morir.

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