Creo ser bueno observando, un infalible observador. Miro fijo, miro entre el público, no sucumbo al juicio de la multitud que corre la cara, nunca he tenido demasiada vergüenza para con la actividad. Como todo arte escribir requiere cierta disciplina, por un lado el tiempo de la manufactura gruesa -de teclar- y por otro el de la manufactura fina, la última dice Mishima que es observar, el asquearse de tanto ver, quizá sea porque ver es una actividad personal, es una situación imposible de proyectar acompañado, porque uno es uno y los otros son ciegos para uno, no tienen tus mismos ojos, la literatura finalmente juega con esa carencia, con el cielo que no se condice ni por cerca con el cielo que puedo ver o con la pena que ni por cerca representa la pena que podría sentir, muy Zurita eso. Llevo un tiempo pensando sobre todo, sobre ti, sobre la vez que te vi y en verdad no tengo muy claro si concluí algo, a lo mejor estaba claro hace mucho tiempo o puede que sea una más de las historias inconclusas que se hunden en el frío del océano. A momentos pienso que no necesito dormir, que me basta con mirar largo rato en la oscuridad, a la oscuridad, llevo un tiempo que me duelen los ojos, quizá sea sinusitis o algún síntoma de la rabia o incluso pueda que sea por el trabajo y que ver lo mismo todos los días me va a terminar por vaciar la cuenca de los ojos, que escuchar a Jerson hablar sobre la novela del camionero me va a volver loco. Pero me basta la oscuridad, con eso es suficiente, la oscuridad de tus ojos, con eso me levanto y me encuentro apto para vivir, para caminar y volver a verlos a todos nuevamente. Me gusta caminar de noche, es más tranquilo, camino circuitos conocidos, suelo pasearme por los lugares a donde nos gustaba ir con Camila, eran buenos lugares a fin de cuentas, ella tenía buen tino para eso, su condición de punk le daba esa virtud, siempre me muevo por esos sitios, vago entre la Remodelación y Maipú, otras veces llego hasta la Universidad, otras desbordo por Roosevelt o penetro al interior del centro, vago infinito, he visto algunas cosas interesantes, pero mayoritariamente borrachos, vagabundos y gente perdida, igual no es más que una pobre imitación del ejercicio que hacía Chejov, supongo que algunos trotan y otros deambulamos semi drogados emulando escritores por lugares conocidos repetidas veces, esperando que la gloria y la verdad caigan del cielo. De cualquier forma, cae, cae fuerte, te puedes dar cuenta de algunas cosas, además que oxigena, uno sale de todos estos reductos inmundos construidos por los hombres, uno abandona el miserable tablero de metrópoli en que vive la gente, hacer esa circunvalación y llenarse de aire frío los pulmones es libertad, nunca se va ser más libre que en esos momentos y espacios, cuando los mercados están cerrados, porque la luz encarcela y amputa, pero la oscuridad es cada vez más escasa, entonces siento que tanto el humano se ha empeñado en iluminar las ciudades que los monstros nos quedamos sin lugar donde vivir. Eso es probablemente lo agradable de los cines, que son altos y oscuros, uno se siente como en esa escena de Rebelde sin causa cuando se encierran en el observatorio, ahí se es mínimo, ahí uno sólo observa, el cine purga, lo deja a uno en paz. Pues bien, hablaba de que observaba y que te observo, te miro un poco, lo suficiente, observo tus actos y me parecen tan predecibles, que me hablaras y todo eso era tan vulgarmente predecible, sumergirte en los excesos es tan poco propios de tu personalidad, el reencuentro con los amigos que habías metido a la nevera, no sé, debe ser el miedo a la soledad que te come por dentro, se tornó todo tan obvio en ti que no me extrañaría verte en una foto en distrito federal con tu ex novio, como la vez anterior, eso hace que el apellido de él tenga cierto sentido, porque es tu patronímico, no me deja de parecer gracioso eso. Yo igual me tengo que observar a mí mismo, sino sería en vano todo el ejercicio, creo habitar en el miasma, mi dolor seguramente es el amor, eso es lo predecible de mí imagino, una vez le dije a la Toña que uno no puede amar a una persona que no le suscite interés, que no encuentre interesante eternamente, le dije que por eso creía que te iba amar siempre, le dije que también The Kid me producía un sentimiento parecido, esa sensación de hastío y atracción absoluta, como una especie de fuerza de gravedad, así que el abandono a mí me deja mal, me rompe el corazón y me pone furibundo, por eso me gusta el Islam, la religión del abandono, la religión de los huérfanos, cuando leía el Corán me pareció curioso eso, que hubieran suras completas acerca de la orfandad y la apostasía. En fin, es dura la vida del musulmán y llena está de sacrificios, pero fue Allah el que me regaló tu amor, así que cuando estoy en los desiertos o en el mar de los sargazos o en medio del vacío del espacio me abrazo a la estampa de tu recuerdo, a lo que fuiste alguna vez, y pasa por mí la imagen de tus dientes y de tu velo y eso me da fuerza, una fuerza enorme, tanta fuerza que a veces pienso que no necesito comer ni respirar para vivir, contigo basta, así que rezo, rezo en dirección a la Meca del universo, a Ganímedes, el único lugar donde se puede ver la cara de Dios en los cielos, al coloso sonreír, sólo imagínate cómo se ve Júpiter desde esa luna, debe ser inmenso, inminente. El espacio tiene esa cualidad, esa atroz cualidad de dar la impresión de que todo es catastrófico e irreversible, como cuando uno está apunto de dar un beso.
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