…Hazme el favor de
rogar al señor Aurier que no escriba más artículos sobre mi pintura; dile con insistencia
que, por empezar, sus notas sobre mí se engañan, puesto que realmente me siento
demasiado entristecido para poder enfrentarme a la publicidad.
Hacer cuadros me distrae; pero si oigo
hablar de ellos, me causa una pena que él no imagina...
He caído enfermo en la época en que hacía
las flores de almendro. Si hubiera podido continuar trabajando, puedes deducir
que hubiera hecho otros árboles en flor. Ahora, ya casi se han terminado los árboles
en flor; verdaderamente no tengo suerte. Sí; hay que tratar de salir de aquí,
pero ¿dónde ir? No creo que se pueda estar más encerrado y prisionero que en
las casas donde no existen normas de libertad, como en Charenton o en
Montevergues.
Mayo de 1890.
Creo que siempre hay que iniciar desde el autorretrato,
desde la hechura de uno mismo. Cualquier tipo de proceso de reconstrucción o el olvido mismo
requiere de eso, de poder definir los elementos con que uno está compuesto. Cuando
joven, probablemente de niño, llegaron a mi casa unos cuadros de Van Gogh,
copias por supuesto. Los cuadros eran ese típico que sale un café afrancesado
de noche con un mozo parado sirviendo algo y el otro era de él mismo con un
paño como si tuviese dolor de muela. Me gustaba el cuadro de él con la venda,
me gustaba el sombrero y la venda sobre su oreja, me gustaba que hiciera tantos
autorretratos y en periodos tan marcados, me gustaba su relación con Theo, me
llenaba de una sensación de fe e ingratitud.
Estando en la Facultad, una vez vi durante varios minutos
como una mujer se hacía una trenza, como poco a poco iba entrelazando su pelo
como alfalfa en brote. En ese entonces me mantuve rígido como una estaca, aun
creo que me sucede lo mismo. Finalmente, siempre es hasta pronto, marianne. Es
hora de comenzar a reir y llorar, llorar y reir about it all again.
No hay comentarios:
Publicar un comentario